El proyecto plantea el diseño interior y amueblamiento integral de un edificio destinado a la implantación de restaurante El Bulli en Madrid.
La idea decorativa surge de plasmar la gastronomía creativa de Ferrán Adriá destacando los puntos más significativos de ésta: Cocina cientifica, técnicas innovadoras y minimalismo en la concepción y la presentación de sus platos. El diseño se genera a través de armonías de proporción referidas a la serie Fibonacci y utiliza transparencias.
En este espacio, el mundo de colores, olores, sabores y sensaciones planteados por Adría se percibe con claridad.
La estructura orgánica del espacio genera una relación de visibilidad entre el comedor y la cocina mediante las dos grandes cristaleras enfrentadas y separadas por un espacio exterior central.